" Cada salida, es la entrada a otro lugar"

Este blog pretende transmitir la belleza y peculiaridad de lo cercano, los lugares que nos transportan en el tiempo y en el espacio. Rincones de nuestra geografía más próxima que nos dejan sin aliento o nos transmiten una paz necesaria en momentos de dificultad. Espero contribuir a que conozcamos un poquito más dichos lugares y a despertar la curiosidad del lector para que en su próxima salida, inicie la entrada a otro lugar... un lugar al que viajar sin necesidad de sacar billete.

lunes, 19 de junio de 2017

VIAJE AL CENTRO DE LAS HOCES

¿Dónde estaba Cazarabet?



Aquel núcleo poblacional desaparecido, relacionado por Elías Teres, ilustre arabista, con el Iqulim (Distrito) nombrado por el geógrafo andalusí Al-Udri en el siglo XI, Qasr Abbad, se había convertido en un objetivo, en un reto personal al que quería dar respuesta.

Cazarabet, como despoblado medieval, es nombrado en al menos tres documentos medievales, uno sito en el cartulario mayor de La Seo de Zaragoza y los otros dos en el cartulario de la encomienda templaría de Castellote, sito en el Archivo Histórico Nacional. En los tres, la localización del despoblado es la misma, las hoces del rio Guadalope en el triangulo formado por Ladruñan, Tronchón y Villarluengo.

Hasta en cinco ocasiones hemos visitado el lugar, reconociendo a fondo el terreno que se extendía junto a la que todavía es conocida como masía de Cazarabet, un enclave estratégicamente privilegiado en el que todavía se distinguen antiguos sistemas de riego conducidos desde los barrancos del Mas Royo y Torrecilla, donde antiguamente seguro que hubo una pequeña azud.




Restos de la masía de Cazarabet 

Sin embargo tan solo los restos constructivos de la antigua masía permanecen en el angosto valle formado por las enormes paredes de caliza que envuelven el enclave. Apenas existen restos cerámicos de otras épocas, y en la parte más cercana al cauce todavía son apreciables los estragos que las avenidas históricas del Guadalope han hecho en el lugar.

Sin duda alguna pudo ser un enclave habitado, de hecho lo fue hasta bien entrado el siglo XX, pero, pese a que hay restos de innumerables masías en lugares casi inaccesibles, ni en las ruinas de la antigua masada de Cazarabet, ni en la periferia, había sido capaz de encontrar restos que pudiesen pertenecer a un castillo-palacio.

Y es que si Elías Teres tiene razón, y la Cazarabet cristiana se corresponde con la Qasr Abbad andalusí, por lógica, bien allí o en los alrededores, debería de existir un “Al Qasr” (Alcázar o castillo palacio), del que derivaría el nombre de la ciudad, Qasr’Abbad o Castillo de los Abbad.

 

 ¿Quizá la topología de este enclave no era la tradicional de una ciudad típica? ¿Quizá en la zona de las hoces existía un conglomerado de Alquerías (Masías) que estaban bajo la protección de una fortaleza próxima?

Elías Teres reflexiona sobre la obra de otro Geógrafo andalusí, Yaqüt (1179-1229), en cuya obra también describió parte del territorio bajo aragonés. En ella, este geógrafo habla sobre el rio “Wadl-l-Lawh (Rio de la Tabla) del que dice que constituía una comarca rural de Zaragoza”. Teres considera que este río se correspondería con el Guadalope. Pascual Madoz en su diccionario Geográfico de 1835, en su descripción de Castelseras, nos habla sobre el puerto que existía en el río, y sobre la madera que descendía por él desde las tierras del Maestrazgo hasta Caspe. Teniendo en cuenta estas dos afirmaciones, es más que probable que el  Guadalope si se correspondiera con el río nombrado por Yaqüt, y que dicho rio recibiese ese nombre porque ya desde antiguo fue utilizado para transportar madera por su cauce. Quizá Cazarabet y su territorio, fuesen el origen de esa madera, y por ende el motivo de la importancia de este misterioso enclave. Quizá todas las alquerías que estaban bajo la protección del castillo de los Abbad, tenían como ocupación la industria maderera, y probablemente bajo la hoz baja, justo en el lugar donde se encuentra la masía de Cazarabet, seria donde los troncos iniciarían su viaje hacia el rio Ebro. ¿Es posible que el descenso con “navatas” no fuese exclusivo del pirineo? ¿Quizá el rio de la tabla (Guadalope) también fue ruta de la madera durante cientos de años?


“El transporte de troncos mediante las navatas era un trabajo común en el Pirineo oscense hasta principios del siglo XX. Con las aguas del deshielo, los navateros bajaban por los ríos desde los cursos altos (zonas con caudal suficiente para poder navegar) en sus navatas de madera hasta las zonas llanas para poder vender la madera, principalmente para la construcción de casas. Los navateros se jugaban la vida, ya podéis imaginar lo difícil que es descender por un río de montaña, con aguas bravas, grandes piedras, aguas muy frías, azuds... pues lo difícil que era con esas embarcaciones tan "rústicas" y descendiendo el río y superar todas estas dificultades. El destino era primero llegar al Ebro, y una vez allí con aguas muchos más tranquilas llegar hasta su desembocadura, en el Mediterráneo. Una vez en destino y llegados a acuerdos comerciales satisfactorios, retornaban a las montañas andando o en burro (por si no hubiera sido duro el trayecto de ida... el de vuelta no estaba nada mal tampoco).”


Eso explicaría porque en un territorio tan agreste, tan abrupto, de tan complicado acceso, floreció una comunidad islámica de tanta importancia. Un entramado poblacional que incluso fue cabeza de distrito en la Marca Superior de Al Ándalus.

¿Entonces realmente Cazarabet era Qasr Abbad tal como asegura Teres?

Al Udrí decía:

“…el distrito de Qasr Abbad, contiguo al de Zaragoza. Qasr Abbad queda cerca del de Tortosa, y en estos momentos está en la ruta que lleva a ella…”

Esta afirmación del geógrafo andalusí me despisto. Por mucho que hayan cambiado las vías de comunicación, el camino entre Zaragoza y Tortosa jamás seria por las Hoces del Guadalope, en aquellos tiempos la navegación del Ebro seria el camino más rápido para unir ambas ciudades. Entonces, si Cazarabet se correspondía con Qasr Abbad,  ¿Cómo podía estar en el camino que unía Zaragoza y Tortosa?

Entendí que Al Udri no se refería a la ciudad Tortosana, sino a la taifa de Lérida - Tortosa en General, y el camino al que hacía referencia muy probablemente era una ruta comercial, la que unía la ciudad más prospera de la Taifa, que según he podido leer a arabistas valencianos era Burriana, y la capital de la taifa zaragozana. De hecho Don Blasco de Alagón, tal como relata Jaime I en su “Llibre del fets”, recomendó al Conquistador iniciar su conquista de Valencia por dicha ciudad, Burriana, una muestra más de la importancia que tuvo aquella plaza.

Entonces… ¿Y la fortaleza que daba nombre a dicho territorio? Localizarla era fundamental, pues si finalmente existiese un castillo bajo cuya protección estuviesen las alquerías de la zona podría ser un espaldarazo definitivo a esta teoría.

Hoy en día tenemos herramientas que antiguamente no estaban al alcance de la gente de a pie. La enorme calidad y resolución de las imágenes de satélite que podemos ver en “Bing Mapas”, así como el hecho de que la zona todavía está recuperándose del devastador incendio que tuvo lugar allí hace ya unos años, me permitía poder repasar palmo a palmo el terreno desde el PC de casa. Horas y horas de investigación que, el menor resultado, se convertía en una excursión al lugar para contrastar el hallazgo.

Así surgió nuestra última visita. Había localizado restos constructivos sobre un roquedo, entre el rio Guadalope y el barranco del Nogueral, apenas a un kilometro en línea recta de las hoces. Además estos restos respondían a dos circunstancias especiales, la primera que se encontraban en un escarpado roquedo de difícil acceso, y la segunda que eran atravesados por la llamada “Calzada del Cid”.


Busque información sobre aquella calzada, pero no encontré ninguna referencia a ella, tan solo su nombre en los mapas cartográficos. Decidí entonces empaparme de todas las referencias bibliográficas relacionadas con el Campeador y sus aventuras por las taifas de la Marca Superior, intentando dilucidar el momento exacto en el que el guerrero castellano atravesó aquella calzada, si es que lo hizo. En varias de ellas se dice que la primera vez que Rodrigo Díaz de Vivar vio el mar, fue en Burriana, y que en su camino hacia la costa conquisto el castillo de Olcaf (En Olocau del Rey) donde Al Qadir, rey de la taifa valenciana, guardaba un suculento tesoro.

¿Pudo acceder a Olocau por la llamada “Calzada del Cid”? ¿Se correspondería esa calzada con el camino histórico que unía “Saraqusta” (Zaragoza) y “Borriana” (Burriana)? Desde Saraqusta a Azaila, de Azaila a Hijar, de Hijar a Alcorisa, De Alcorisa a Castellot, de Castellot a Cazarabet, de Cazarabet a Olocau, de Olocau a Mirambel, de Mirambel a Cantavieja, De Cantavieja a Iglesuela del Cid, De Iglesuela del Cid a Villafranca del Cid, de Villafranca del Cid a Lucena del Cid y de Lucena del Cid a Burriana.

Después de un primer intento fallido, en el que una inoportuna niebla de junio nos impidió llegar al objetivo, el pasado día 13 de junio, con la inestimable colaboración de Chuse Bizen Piquer, conseguimos llegar al lugar donde las imágenes del satélite parecía que situaban las  construcciones artificiales.

Fuimos en coche hasta muy cerca, llegando hasta Tronchón y después accediendo por la pista que une esta localidad con la de Villarluengo. Sorprende que en el trayecto  encuentras masías de enjundia, de soberbia estructura de piedra en sillar y sillarejo, incluso dos de ellas, Torre Piquer y Torre Soriano, fortificadas, dotadas de un espectacular torreón de defensa. Dos torres fortificadas en la misma Calzada del Cid, en un lugar que durante años fue tierra de frontera. ¿Casualidad?

Aparcamos nuestro vehículo en la masía de la Zarza, a pocos kilómetros del lugar donde situábamos los restos y desde allí iniciamos el camino a pie. En un primer momento confundimos el recorrido, creímos que dado que un cabezo cercano recibe el nombre de “Calzada del Cid” dicha calzada debía transcurrir por su cresta. No era así, la calzada, como descubrimos después desde lo alto del cerro, transcurría por la ladera este y todavía es hoy utilizada como camino forestal que, al adaptarlo al paso de vehículos todoterreno, han quedado destruidos muchos de los muros de piedra que la sujetaban.






Bajamos hasta ella y la seguimos hasta el final. Llega un momento que cruza por un estrecho collado el macizo montañoso que divide el cauce del Guadalope y el barranco del Nogueral y al pasar al otro lado parece desaparecer. El incendio, la erosión y la fuerza con la que los romeros han invadido el terreno quemado, impiden ver en un primer momento el recorrido que sigue la calzada, incluso parece que desde allí no continua hacia ningún lugar. Sin embargo, siguiendo las estrechas sendas dejadas por las cabras montesas y que discurren hacia el norte bajo una pared de caliza, se evidencia que sin duda ese era el recorrido que seguía la antigua vía. De hecho, llega un momento en el que de nuevo la montaña se abre en forma de estrecho collado hacia el noreste, y al otro lado encontramos los restos que andábamos buscando.



No cabe duda que aquellos muros pertenecen a un entramado defensivo. Un castillo-atalaya de otro tiempo. Se distinguen hasta cinco estructuras diferentes que muy probablemente en la antigüedad formaban parte de un todo. Dos anchos muros de piedra y argamasa, uno frente al otro, recibiendo a los viajeros que llegaban por la calzada desde el sur. Junto al muro de la izquierda los cimientos de una estructura cuadrada bajo un promontorio rocoso de unos cuatro por seis metros desde donde hay unas vistas privilegiadas del cauce del río Guadalope. Y en lo alto, mas allá del muro de la derecha, una estructura cuadrada que bien pudiera ser la planta de algún viejo torreón. Más allá de la pequeña altiplanicie donde se dibujan las viejas estructuras, en dirección a las hoces, también podemos ver restos de los antiguos muros de piedra que sujetaban la calzada.

















Sin lugar a dudas allí hubo una fortaleza. Por desgracia yo no soy quien para definir la época. No soy quien para datar la antigüedad de aquellos viejos muros, pero el hecho de que la Calzada del Cid transcurra por ellos, es una pista de cuánto tiempo hace que pueden estar allí. Unos muros olvidados, casi derrotados, que durante años gozaron de la protección de la masa forestal arrasada durante el trágico incendio que sufrió el Maestrazgo en 1994.

¿Era esa fortaleza el Alcázar del jerarca andalusí, de apellido Abbad, que controlaba la tala de madera en la zona? ¿Era ese castillo el referente de todo el territorio conocido como Cazarabet? Intentaremos dar respuesta a estas cuestiones.

Continuara…


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