" Cada salida, es la entrada a otro lugar"


Este blog pretende transmitir la belleza y peculiaridad de lo cercano, los lugares que nos transportan en el tiempo y en el espacio. Rincones de nuestra geografía mas próxima que nos dejen sin aliento o nos transmiten una paz necesaria en momentos de dificultad. Espero contribuir a que conozcamos un poquito mas dichos lugares, y a despertar la curiosidad del lector para que en su próxima salida, inicie la entrada a otro lugar... un lugar al que viajar sin necesidad de sacar billete
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lunes, 27 de marzo de 2017

LOS BAÑOS (Villarluengo)

En 2014 algunos de los mejores hombres del cuerpo de exploradores del ejercito alcorisano que formaban un comando, iniciaron una aventura que a día de hoy todavía continua, no tardaron mucho en recorrer los paisajes que rodeaban al lugar en el que se encontraban residiendo, hoy buscados todavía por esos montes de Dios, sobreviven como exploradores de fortuna, si usted quiere visitar algún lugar  y se los encuentra quizá pueda unirse a ellos...” JEJEJE


            En primer lugar me vais a permitir dar las gracias desde estas líneas a mis compañeros de correrías. Aquellos intrépidos aventureros que se fían de mi criterio a la hora de planificar nuevos desafíos. MIL GRACIAS EXPLORADORES DE FORTUNA.

            Este pasado domingo 26 de marzo, seis de los integrantes que forman ese cuerpo de exploradores de elite teníamos una misión, visitar, en un lugar de difícil acceso, de extraordinaria belleza y de una fuerza excepcional, el pequeño balneario o casa de baños que prestó servicio durante mucho tiempo en una de las zonas más recónditas de nuestra provincia, las hoces del Guadalope.

            Nuestra primera intención fue acceder hasta el lugar donde se ubicaban los restos del corral de Villaseco con el coche. Aparcar allí, examinar la zona y después continuar andando hasta el pico de los Baños, desde donde decidiríamos como atacar el cauce del  río Guadalope en busca de sus aguas termales. Sin embargo, tras cruzar el pinar de las Cuevas de Cañart en dirección al Mas del Higueral de Ladruñan, cuando íbamos a tomar el camino que nos iba a llevar a nuestro destino, nos encontramos una enorme cadena que nos impedía el paso, así que tuvimos que dejar los coches antes del lugar previsto.


            Desde allí comenzamos nuestra excursión a pie. Unos dos primeros kilómetros de camino con el firme en buen estado, rodeados de cultivo de carrasca trufera y monte bajo. Todavía hoy es visible el enorme daño que hizo el incendio que asolo el Maestrazgo en 1994. Han pasado casi 23 años y el monte comienza a recuperar poco a poco el ímpetu, sin embargo todavía falta mucho tiempo hasta que recobre el esplendor de antaño.


            Nuestra primera parada, el puntal de la Tochada, lugar donde se encuentran los restos del corral de Villaseco. Queríamos comprobar que eran unas asimétricas estructuras vistas por imagen de satélite que se extendían cercanas al esqueleto del corral. Existe constancia de que la histórica ciudad Andalusí de Qasr Abbad, cuyos restos no han sido localizados, estaba en las inmediaciones del Río Guadalope, entre la localidad de Ladruñan y el Puente del Vado, por lo que cualquier estructura extraña detectada en el lugar debe ser investigada.



          Para nuestra sorpresa, todas esas líneas grisáceas de formas irregulares eran acumulamientos de piedras. Los allí presentes, pese a lanzar teorías por doquier, no supimos darle una explicación convincente a aquellos montones lineales de piedra que ocupaban una enorme extensión de terreno. Algunos parecían muros inacabados, pero de casi dos metros de anchura, otros dibujaba formas redondeadas, otros se alineaban entre si de forma casi simétrica. En definitiva, extrañas estructuras cuyo origen o uso nosotros no supimos explicar. He buscado información sobre estos amontonamientos, pero no he encontrado nada parecido. La tierra no es nada fértil, no existe apenas capa vegetal y muy pedregosa, por lo que queda descartado que pudiesen ser bancales. Tampoco da la sensación que sean los restos de murallas o muros, pues no existe ninguna simetría. Los pocos restos de cerámica dispersos por el lugar, tampoco nos arrojaron ninguna luz sobre aquellas extrañas acumulaciones de piedra. Bajo mi modesta opinión, algún experto debería estudiar este curioso emplazamiento. ¿Nos echáis una mano?






  
En cuanto al corral, nos sorprendió sobretodo su tamaño. Es muy grande, y pese a que ya solo unos pocos muros aguantan las embestidas del tiempo y los elementos, todavía son visibles las diferentes técnicas constructivas que hay en él, de las diversas ampliaciones que ha sufrido en distintas épocas. Todavía se pueden ver los cimientos originales.

Lanzando teorías poco convincentes sobre aquellos hacinamientos de piedra seca que se extendían por doquier, continuamos nuestro camino. Ninguna de aquellas teorías nos convenció. Poco a poco, paso a paso, palabra a palabra continuamos descendiendo en dirección al pico de los Baños. El desnivel es alto, en apenas cinco kilómetros desciendes más de 400 metros de altitud.




 Elegimos la cima de los Baños para almorzar, es una atalaya fascinante. Quizá desde allí podríamos distinguir el antiguo edificio que albergo los Baños de Villarluengo. Sin embargo apenas distinguíamos el liquido elemento en su bravo discurrir hacia las hoces mas bajas. Alrededor del pico de los Baños el Guadalope dibuja un meandro y desde la cima solo puedes ver sus aguas antes y después de afrontar la cerrada curva, no durante. Eso si, el lugar es espectacular, con grandes paredes verticales de caliza, angostos barrancos, cuevas, altas cumbres, espectaculares roquedos, bellísimas formaciones… tierra de maquis sin duda, dada la escarpada orografía.






 Sin apenas información del lugar exacto en el que se ubicaba el pequeño balneario, tuvimos que decidir. Atacábamos el cauce por el Oeste, bajando después río abajo, o por el contrario lo hacíamos por el este y subíamos ribera arriba. Valorando la dificultad de las dos opciones, nos decidimos por la segunda. Iniciamos el descenso hasta la orilla del río, junto a la cueva de la Higuera, y desde allí, sobre los restos de lo que fue un antiguo camino, todavía conserva muchas de sus calzadas, iniciamos el ascenso río arriba por la margen izquierda.


 Cuando ya comenzábamos a desesperarnos, esquivando piedras, monte bajo, zarzas… pudimos distinguir dos balcones de forja abiertos hacia el caudaloso río. Junto al edificio, a una veintena de metros, había una fuente construida en sillar, ya deteriorada por el abandono y la falta de mantenimiento. Por desgracia el edificio se erguía en la otra orilla, y dada la época del año en la que estamos, el caudal del Guadalope no era nada despreciable. Sin embargo nos pudo la curiosidad, y enfrentándonos a la corriente, decidimos cruzar el embravecido torrente de agua que nos separaba de nuestro objetivo.

Unos remangados, otros en calzoncillos, nos lanzamos al abrazo del líquido elemento. Fue poner el pie en el agua y sentir como miles de agujas perforaban nuestra piel. ¡Estaba heladísima!. Como pudimos cruzamos al otro lado, notando como nuestras extremidades inferiores iban perdiendo la sensibilidad que antes, al roce de aliagas y zarzas, si tenían.


 Por fin llegamos al edificio. Esta en estado ruinoso. Los diferentes pisos han colapsado ya, y tan solo sus cuatro  fachadas mantienen el porte original. Es una construcción de apenas 30 metros cuadrados de planta cuadrada y de tres alturas, y en una de sus esquinas todavía podemos ver la chimenea que calentaba a los pacientes que venían a recibir novenas a la pequeña casa de Baños. Incomodo tenia que ser para los enfermos acceder hasta aqui a lomos de un equino en busca de la deseada curacion.



Chuse Bicén Piquer, otro gran explorador, nos ha contado que su tío-abuelo, José Griñón Repullés, se hizo con la propiedad de este modesto balneario y que existía información del mismo en la pagina Web del Ayuntamiento de Villarluengo. En efecto en dicha página podemos leer parte de la historia de este curioso y escondido rincón termal, permanecio abierto hasta los años 60, pero se desconoce la fecha exacta en la que un medico de Villarluengo promovio su apertura.


Nos acercamos a la fuente donde se recogía el agua que servia de tratamiento. Sin duda estaba muchísimo mas caliente que el río, quizá a 20-25º de temperatura, pero no se si lo suficiente para considerarla termal, quizá por eso la calentaban todavia más en un horno exterior.



 Tras explorar las inmediaciones del edificio, cuando ya nos preparábamos para cruzar de nuevo al otro lado, contemple con detenimiento aquel lugar. Es increíble, el sonido de las aguas encañonadas, el refugio que te proporcionan las dos pronunciadas elevaciones de caliza que encierran al río, el aire limpio, los aromas de  la naturaleza, la paz  que proporciona el saberse lejano a cualquier atisbo de civilización…

  


¿Serian de verdad las aguas de ese manantial las que obrarían milagros sobre la salud de los pacientes? ¿O quizá fuese la paz y la tranquilidad que se apoderaba de su cuerpo durante nueve días la que ejercía de verdadera sanadora?

 Imagino que de todo un poco.



jueves, 16 de marzo de 2017

PUENTE DEL VADO (Villarluengo)

VADO: Parte de un río, con fondo firme y poco profundo, 

por  donde  se  puede  pasar  andando, montado en  una

caballería o en un vehículo.



            Partida del Vado. Ese es el nombre que recibe el lugar donde nuestro protagonista, aislado y solitario, ha visto el discurrir de siglos. Ha sentido las embravecidas aguas del Guadalope acariciando la base de su estructura. Ha sido testigo mudo de experiencias vitales de todo tipo. Sobre él han caminado, cabalgado o circulado ejércitos de las grandes guerras que sacudieron nuestra tierra. Cientos de carros cargados de papel y lana, de la industria textil y papelera que predominaba  en el Maestrazgo en toda la segunda mitad del segundo milenio, han atravesado su esbelta construcción.

            Y es que ya en 1282, en la carta puebla concedida por el Temple a Castellote y sus dominios, se hace referencia a este paso. En la delimitación de los términos dice lo siguiente:

            “…y desde Villar de Trillos a Cazarabed, hasta el río, y río arriba hasta el vado de Julve. Y desde el vado de Julve hasta la fuente que se dice de la Pinilla. Y desde Pinilla hasta la lengua de Fortún Garcés…”

            Pese a que actualmente está en término municipal de Villarluengo, no cabe duda que el lugar es el mismo, pues este Vado forma parte del camino que unía las localidades de Ejulve y Villarluengo antes de que se construyese la sinuosa carretera del Barranco de los Degollaos. No nombra puente alguno, tan solo el Vado de Ejulve.

            Según he podido leer en un folleto turístico de la Comarca Andorra-Sierra de Arcos, nuestro protagonista de hoy, el puente del Vado, se construyo en 1518. Parece lógico pensar que, dado el nombre del lugar, hasta la construcción del puente, el paso fuese por el mismo río, a merced de las posibles crecidas del Guadalope y sus afluentes.

Por lo tanto la construcción de esta bellísima estructura en un sitio tan angosto y aislado pudo deberse a la exportación de la lana  del Maestrazgo a los países del mediterráneo, que en el siglo XIV comenzó a ser habitual. Los mercaderes italianos acudían a las tierras turolenses en busca de la preciada materia prima, lo que disparo su precio, y como consecuencia la riqueza de los grandes terratenientes de la zona. No podían permitirse el lujo de que las crecidas del río Guadalope paralizaran los envíos, o que el paso por las aguas embravecidas provocara la perdida de alguna carga, por lo que decidieron construir un puente que salvara el cauce, conectando el Maestrazgo con el Bajo Aragón, dado que la mayor parte de la lana del Maestrazgo era conducida la puerto medieval de Mequinenza, y desde allí,  navegando Ebro abajo hasta el Mediterráneo. Así se evitaba el riesgo de que la zona se quedase aislada por el repentino crecimiento del caudal de los tres ríos que se unen aguas arriba del Vado.

Para llegar a este enclave en el que se encuentra este singular viaducto desde el Bajo Aragón,  debemos en primer lugar llegar hasta Ejulve. Esta modesta localidad, esconde una gran riqueza patrimonial en su interior, así que merece la pena hacer una parada.

Desde Ejulve continuaremos por la A-1702, que a partir de esta localidad de pasado Calatravo, se convierte en una vía estrecha, sinuosa, de firme irregular, a la que se suman las obras que se están realizando en la misma. Descenderemos serpenteando por el margen izquierda del bello barranco de los Degollados. Un barranco rocoso y pronunciado que desemboca en el río Guadalope, aguas abajo de la coqueta localidad de Montoro de Mezquita. Siempre he querido saber el porqué se le dio ese curioso nombre a este espectacular barranco.

Una vez atravesemos el río, ascenderemos dejando a nuestra izquierda los escalofriantes Órganos de Montoro, espectacular monumento natural. Es obligada la parada en el mirador que encontraremos a la izquierda, nada más coronar el zigzagueante ascenso.


Será unos pocos metros más adelante, una vez dejemos atrás las cerradas curvas que descienden hacia el cauce del Río Pitarque, cuando veremos a nuestra izquierda unos señales verticales de madera que nos indican el puente del Vado. Por desgracia, en nuestra visita, a unos doscientos metros, encontramos una cadena que cortaba el paso hacia el río, así que tuvimos que aparcar a la orilla del camino y hacer el resto del recorrido a pie.

Nada mas bajar del coche ya sientes que te encuentras en un lugar de una fuerza extraordinaria. Durante miles de años las corrientes de agua han ido excavando las capas verticales de piedra caliza, dejando al descubierto los fastuosos muros pétreos que rodean a los pronunciados cañones por los que discurren los tres ríos que cruzaremos durante nuestra travesía.

Descendemos por el camino, y distinguimos unos de los edificios que formo parte de las llamadas “Fábricas”, precisamente el mismo en al que mi abuela, cuando residía en Pitarque, su localidad natal, bajaba cada amanecer a trabajar. Entrañable recuerdo, cuanto quise a mi abuela Benita.


La historia de Las Fábricas es muy antigua, se remonta a 1789, cuando los Temprado, vecinos de Villarluengo, apoyados por capital y técnicos franceses, construyen una de las primeras fabricas de papel que hubo en España. Las infraestructuras para aquel inmenso proyecto industrial fueron complejas, traída de aguas, vivienda, logística, transporte… fue tal el éxito de la instalación que los franceses adquirieron el 100% de la misma, sirviendo papel al mismísimo Ministerio de Hacienda.

Finalmente, terminando el siglo XIX, tras varios cambios de titularidad, las Fábricas son adquiridas por los Artola, familia de Cinctorres, que transforma la papelera en inmensos telares. Se abriría entonces otro periodo de gran prosperidad para el complejo industrial. Hasta que, pasada la guerra civil, bajo la constante amenaza de los maquis, con una crisis económica acuciante y una gran dificultad para realizar el transporte de lo manufacturado, los Artola deciden cerrar.

Continuamos por el camino. El río Pitarque brama debido a las ultimas nieves, de hecho las chimeneas de su maravilloso nacimiento están “despiertas” en estos días. Cruzamos un pequeño y moderno puente y nos adentramos en un estrecho valle. En esta época del año la flora ribereña posa desnuda, ataviada tan solo de su esqueleto leñoso. La variedad de colores con la que este lugar debe acicalarse en primavera y otoño será, sin duda, todo un espectáculo.

Cruzamos el río Cañada, lugar donde nuestros amigos de la empresa Geoventur realizan actividades de turismo activo muy recomendables, y continuamos camino abajo en dirección al lugar donde Pitarque y Guadalope unen sus fuerzas, dispuestos a luchar juntos contra las dificultades que las hoces les pondrán unas decenas de kilómetros más abajo.

El paisaje es espectacular. Un paraje indómito donde solo se respira paz. Grandes roquedos, bellos pinares, el susurro del rabioso discurrir del agua por el angosto cañón que dibuja el río en su descenso, el canturreo de los pájaros… Que maravillosa experiencia esa de escuchar el “silencio” de la naturaleza.

A lo lejos, antes de descender por una pronunciada cuesta, distinguimos ya el Puente del Vado. Junto a él el esqueleto de una vieja masía derruida. El puente es mucho más espectacular de lo que yo esperaba, de grandes dimensiones, muy cuidado, de aspecto firme y robusto. Desde mi posición se distinguen los tajamares, que le confieren al puente una forma más espectacular si cabe.


Bajamos hasta allí. Dos grandes ojos, coronados de unos bellísimos arcos apuntados de sillar ven pasar las impetuosas aguas en su largo camino hacia el Ebro. Construido en sillar y sillarejo, su longitud aproximada puede ser de unos sesenta metros de largo por unos tres metros y medio de ancho. Los tajamares, que son las construcciones en forma de ángulo añadidas a los pilares del puente para repartir la presión del agua, se elevan hasta el firme superior del viaducto. ¿Cuántos viandantes habrán esperado allí el paso de algún carro con mercancías?

El firme superior está empedrado con canto rodado, y parece haber sido restaurado recientemente. Al igual que la parte superior del pretil, donde el cemento blanco todavía luce un color poco desgastado. En muchas partes de su estructura, las uniones de argamasa también han sido recuperadas con cemento, aunque muy bien disimulado. Una cuidada restauración.


Nos alejamos unos cien metros para ver la espectacular construcción de este bellísimo puente desde la distancia. Sorprende encontrar en un lugar tan apartado un viaducto de estas características, tuvo que ser una importante arteria de comunicación en el pasado. Intentamos distinguir bajo el elaborado puzzle de piedras talladas el vado, el lugar por el que antiguamente, antes de la construcción del puente, se cruzaba el río Guadalope.


Observamos a nuestro alrededor. Aquel mágico lugar, no solo es especial por el precioso viaducto que alberga, también por su orografía, por su flora, por su fauna, por sus colores, por sus formas… por sus paisajes. Un gran lugar también para emboscadas, seguro que alguna ha habido aquí a lo largo de la historia.

Imagenes cedidas por la empresa de multiaventura GEOVENTUR
https://www.facebook.com/geoventur/


Iniciamos el camino de regreso, no sin antes, tras subir la primera cuesta, darnos la vuelta y repetir al unísono:



VOLVEREMOS…

jueves, 2 de marzo de 2017

EL GUADALOPE Y EL REY LOBO



 
La mayoría de expertos coinciden en que la palabra Guadalope, proviene de “Wad-al lup”, un hibrido entre el árabe y el latín compuesto por el nombre árabe Wad-al (rio) y la palabra latina lup, abreviatura de lupus, Canis lupus (lobo), por lo que Guadalope significaría: Río de Lobo. 

Enciclopedia Aragonesa

Aunque Elías Teres se inclina por pensar que el rio Guadalope se correspondería con el rió mencionado en la obra del Geógrafo andalusí, Yaqüt (1179-1229), donde describió parte del territorio bajo aragonés. En ella, este geógrafo habla sobre el río “Wadl-l-Lawh (Río de la Tabla) del que dice que constituía una comarca rural de Zaragoza”. 


Nosotros, en este artículo y solo en este artículo, daremos por buena la primera teoría.

El porqué de esta extraña hibridación no se conoce. Alguno señala que pudo deberse al hecho de que los musulmanes que desembarcaron en la península no habían visto nunca un lobo, y por lo tanto asumieron como suyo el nombre por el que ya era conocido aquí. También es posible que aquellos visigodos que se convirtieron al Islam con la llegada de estos a la península, nunca dejaron de llamar al lobo por su raíz latina, y así siguió siendo años después de la conquista andalusí, pese a aceptar como propias las costumbres y el idioma árabe.

Lo que parece seguro es que Guadalope, en su origen, significo Río de Lobo. ¿Pero por qué este nombre? También existen en esto dos teorías.


La más sencilla, la que no entraña ningún tipo de leyenda, misticismo o romanticismo, dice que el nombre simplemente responde al hecho de que en aquellos siglos, el Maestrazgo era tierra de lobos.

La que más me gusta a mi, la que me despierta mas admiración y simpatía, es aquella que considera que el nombre Wad-al Lup,  hacía referencia a un Rey Andalusí, de dinastía almorávide, que libro una terrible batalla contra los almohades para que no conquistasen su reino, que se extendía desde Murcia hasta la misma provincia de Teruel. Su verdadero nombre era Muhammad Ibn Mardanis, descendiente de una prestigiosa familia muladí (cuyos antepasados cristianos se habían convertido al Islam), nació en Peñiscola entre los años 1124 y 1125, convirtiéndose en Rey de las taifas de Valencia y Murcia en 1147.


  

 

Esta es su historia:

En 1134 fallecía Alfonso I el Batallador, cuyo testamento produjo un cisma en el reino aragonés que aprovecharían las tropas musulmanas de la Taifa Valenciana para reconquistar parte del terreno ganado por el Rey Batallador en sus numerosas razias en territorio valenciano. En nuestra zona, la frontera se fijo en las sierras de La Ginebrosa y los Caballos.

Alganes, Castiel, Buñol, Foz, Val de Nuez, Alcorisa, Berge y Molinos. Al menos, en cada uno de esos lugares existía una fortaleza defensiva de origen islámico que protegía todos los pasos al alto Guadalope. Esa fue la frontera entre los reinos cristiano y musulmán durante más de 30 años.


Precisamente, el hecho de que la frontera permaneciera durante casi 20 años inviolable, responde a los acuerdos que Muhammad Ibn Mardanis adquirió con Ramón Berenguer IV, Conde de Barcelona y esposo de la Reina de Aragón Petronila. En 1150, El Rey Lobo, ante la amenaza que suponía la inminente guerra que lo iba a enfrentar a los, recién llegados a la península, almohades, una dinastía islámica mucho mas fundamentalista, acordó una paz con los territorios de la Corona aragonesa, que incluso suponía un pago de tributos por parte de la Taifa valenciana. E incluso se gano el afecto del Rey de Castilla.

Sus años de reinado  se caracterizaron por una prosperidad económica sobresaliente, basada, fundamentalmente, en la mejora de los recursos hídricos para labores agrícolas y en la exportación de la cada vez más reconocida cerámica murciana. Tolerante con cristianos y judíos, que convivían sin problemas en el emirato valenciano y murciano, durante todo su reinado dedico sus recursos militares en frenar el avance de la dinastía Almohade, teniendo incluso que pedir dinero prestado a los reinos cristianos.


Los acuerdos de no agresión con los reinos cristianos duraron casi todo su mandato. Los cristianos veían con buenos ojos a aquel inteligente emir que plantaba cara a los ejércitos almohades, que defendía con uñas y dientes sus dominios frente a aquellos que profesaban su misma religión.  No fue hasta 1168-1169 cuando, derrotado Muhammad Ibn Mardanis, que tan solo mantenía en su poder la ciudad de Murcia, el Rey Alfonso II entiende acabada la concordia con el reino valenciano y decide avanzar hacia el sur, comenzando la reconquista de las zonas más próximas a la frontera antes mencionada. Buñol, Kamarón, Castellot, Cazarabet… una parte importante del Matarraña. En 1171, casi la totalidad de la provincia turolense estaba en manos cristianas, incluida la capital, Teruel. En 1172 Alfonso II asediaba Valencia, donde concertó una alianza con el nuevo rey almohade a cambio de duplicar el tributo a pagar; así, el rey de Aragón, de acuerdo con el emir de Valencia, atacó Xátiva y Murcia, de donde se tuvo que retirar a raíz de una incursión de Navarra en las fronteras de Aragón. 


Ese mismo año, Muhammad Ibn Mardanis, completamente sitiado en Murcia, fallecía, y tras su muerte su hijo entregaba la ciudad al ejército Almohade. Acababan de esta forma mas de dos décadas de prosperidad económica en la Taifa valenciana, y comenzaba el principio del fin del dominio musulmán en la misma.

A Muhammad Ibn Mardanis se le conocía entre los cristianos como “El Rey Lobo”. Y lo bautizaron así porque cuando tenía unos 20 años, heredó de su padre el puesto de gobernador de la ciudad de Fraga (Huesca), en la frontera norte del decadente Imperio Almorávide. A su vez, Fraga estaba en frontera entre los gobiernos taifa de Zaragoza y de Lleida. La astucia del joven le permitió mantener su gobierno independiente de los reyezuelos de ambas ciudades, unas habilidades por las que los habitantes de Fraga le apodaron “El Lobo”.


Por eso, dado que durante el largo mandato del “Rey Lobo” la frontera entre el reino aragonés en el Bajo Aragón se encontraba en las sierras de La Ginebrosa y Los Caballos, y que el paso más importante hacia la taifa valenciana era el que iba paralelo al río desde Calanda hasta Buñol, junto a los Fontanales, es muy probable que las gentes musulmanas que defendían la frontera, al ver llegar a los cristianos dijesen:

“Río arriba, territorio del Rey Lobo”

“Este Río es del Rey Lobo”

“Es Río del Lobo”

o

“Es Wad-al Lup”