" Cada salida, es la entrada a otro lugar"


Este blog pretende transmitir la belleza y peculiaridad de lo cercano, los lugares que nos transportan en el tiempo y en el espacio. Rincones de nuestra geografía mas próxima que nos dejen sin aliento o nos transmiten una paz necesaria en momentos de dificultad. Espero contribuir a que conozcamos un poquito mas dichos lugares, y a despertar la curiosidad del lector para que en su próxima salida, inicie la entrada a otro lugar... un lugar al que viajar sin necesidad de sacar billete
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miércoles, 27 de noviembre de 2013

SANTUARIO DE MONSERRATE


La construcción de edificios o templos de culto cristiano fuera de los núcleos habitados casi siempre están vinculados a algún tipo de aparición mariana. Algunas veces las leyendas nos relatan la aparición física de la virgen y otras, las mas habituales, nos narran la historia de una pequeña talla de madera que la representa, y aparece en lugares muy determinados, produciéndose el milagro de que aun después de su traslado, la imagen vuelve a aparecer en el sitio donde fue encontrada.
            El lugar que vamos a visitar en esta ocasión es ejemplo de esto último. En el siglo XII, en plena reconquista del Bajo Aragón, un pastor encontró entre las ramas de un enebro la talla de una virgen, fue trasladada por dos veces a la localidad de Fornoles, y por dos veces aquella imagen volvió a aparecer entre las ramas del enebro. Así nació el santuario de Monserrate. Mas tarde creció con el cariño y la devoción de los vecinos de Fornoles y alrededores, y si nadie lo remedia, morirá hundido por la desidia de las instituciones que deberían velar por su conservación. No entiendo el afán de la iglesia por escriturarse aquello que no es suyo si luego ni lo arregla ni lo mantiene.
            Comienzo mi excursión de hoy por la carretera nacional 211 en dirección a Alcañiz. Atravieso el pueblo del milagro y me adentro por las tupidas plantaciones de maíz que bailan al compás del viento celebrando nuestro paso.
El contraste que disfrutamos conforme nos acercamos a la “histórica y heroica” ciudad es cuando menos curioso, de un lado los modernos edificios de Motorland, del otro el imponente castillo calatravo, testigo incansable de los continuos cambios que ha sufrido el valle del Guadalope.
Una vez en la rotonda, me incorporo a la variante dirección Castellón. Desvío la mirada a mi derecha intentando distinguir el viejo caserón que tantas veces me ha quitado el sueño, la impresionante casa solariega, hoy demacrada por la soledad y el olvido. “Torre de palos” susurro mientras vuelvo a mirar hacia delante. Algún día, cuando conozca mucho más la historia y las historias de aquella masia, será protagonista de una de mis excursiones.

Continuo, sin dejarla, por la nacional 232.  Quedan atrás las ventas de Valdealgorfa y me adentro ya en la Comarca del Matarraña. Unos kilómetros mas adelante, pasado el cruce de Valderrobres, distingo una nueva intersección, Fornoles a la izquierda y La Codoñera a mi derecha. Sigo recto intentando distinguir la característica espadaña del santuario de Monserrate.
Ya lo veo a mi izquierda, pero tengo que continuar un kilómetro mas adelante, hasta el cruce de Belmonte de San José, para poder hacer el cambio de sentido que me permita acceder al santuario. A mi llegada me llaman la atención los carteles de señalización. En todos ellos se lee “Montserrate”, sin embargo en Fornoles el santuario es conocido como Monserrate. Extraña contradicción. He de decir que mientras escribo todavía desconozco el verdadero nombre del lugar, pues lo he encontrado escrito de ambas formas en infinidad de sitios.
Me bajo del coche mientras espero al que hoy será mi guía en esta interesante excursión. Sergio, amigo y vecino de Fornoles, se presto amablemente a enseñarme, no solo el Santuario, sino también las historias que en el se han vivido.
Observo detenidamente el edificio. Se distinguen dos construcciones completamente distintas, a mi izquierda, lo que parece ser la Iglesia, esta construida en piedra sillar, llena de marcas de cantería en toda su extensión, mientras que en el edificio anexo predomina la mampostería. Esta rodeado de unos inmensos cipreses, algunos de ellos, por su envergadura, parecen plantados cuando se construyeron los edificios anexos, en el siglo XVII.
He leído que por aquel lugar siempre ha transcurrido el camino real que unía las localidades de Alcañiz y Morella, o lo que es lo mismo, Zaragoza y Peñiscola. Puedo imaginar que en el siglo XVII, y debido al continuo ajetreo de carros y carretas con mercancías venidas del puerto de Peñiscola y con destino a Zaragoza, la Orden de Calatrava decidiera ampliar la pequeña ermita para dar servicio y descanso a aquellos viajeros. En definitiva el santuario ha sufrido tres transformaciones importantes. Su construcción original entre finales del siglo XII y principios del XIII, la ampliación gótica realizada en el siglo XIV y la construcción de los edificios dedicados a hospedería en el siglo XVII.
Bajo por la pequeña ladera que separa el aparcamiento del santuario y distingo el sonido lejano de un motor. Mi guía ha llegado. Sergio lleva en su mano derecha un pequeño bolso donde se oye el inconfundible sonido de la colección de llaves que presumiblemente nos darán acceso al viejo edificio contemplativo.
Comenzamos nuestra visita por el camino que se abre paso a la derecha de la construcción. El edificio es sobrio, de líneas rectas, sin grandes alardes constructivos ni complicados trabajos de cantero. Conforme avanzamos mi anfitrión me cuenta la historia de un soldado de la guardia mora de Franco que en la guerra civil, aprovechando la oscuridad y la frondosidad de uno de los cipreses, se escondió, fusil en mano, esperando el regreso del sol. Aquel soldado africano sembró el pánico entre las tropas republicanas que deambulaban esos días por el lugar, que veían caer de un disparo a sus compañeros sin conseguir localizar el origen de los mismos. Fueron muchos los soldados republicanos abatidos hasta que se descubrió la ubicación de aquella avanzadilla nacional de un solo individuo.
Tras una lucha encarnizada con las llaves por fin podemos acceder al edificio. Se abre ante mí un patio enorme, rodeado de grandes soportales con arcos de medio punto. El complejo arquitectónico rodea todo el patio interior, y pese al deterioro sufrido por el tiempo y el desuso todavía podemos apreciar la grandeza que tuvo el lugar en tiempos pasados.

A mi derecha se encuentra lo que parece ser la vivienda del santuario, el lugar donde se hospedaban aquellos que prestaban servicio a peregrinos y visitantes. Es la zona mas deteriorada, sus techumbres han sucumbido al rugido incansable de los elementos, a las desafortunadas visitas de los enemigos de lo cívico y al olvido y desidia de aquellos que deben velar por su conservación.



A mi izquierda, sobre los soportales, distingo un edificio parcialmente reconstruido. Se han consolidado techos y ventanas, conservando la esencia de lo que algún día fue un lugar de descanso y reposo. Al fondo, asentada sobre estructura de sillar y con doble puerta al patio, se encuentra lo que hoy es una de las ermitas mas veneradas del Bajo Aragón histórico.
Cuenta la leyenda que el 4 de mayo de 1512, ante la intensa sequía que asolaba todo el Bajo Aragón histórico, tuvo lugar una romería a este santuario en la que, sin haberse avisado previamente, coincidieron varios pueblos de la zona. Desde entonces cada segundo domingo de mayo se conmemora aquel hecho histórico, considerado como otro milagro de la venerada reliquia.
Conforme nos acercamos al templo, puedo distinguir la maravillosa arquivolta de su portada principal. Pese a ser gótica, esta coronada por un enorme escudo de estilo barroco y adornada con motivos religiosos y florales. A la derecha de esta puerta hay otra de extraordinarias dimensiones, no encuentro explicación a la existencia de doble puerta en apenas tres metros, y mas cuando una de ellas es de un tamaño desproporcionado.



Nos dirigimos hacia la iglesia. A mi izquierda, bajo los porches, hay restos de lo que antiguamente fue un pulpito de oración, uno de esos balconcitos elevados donde un clérigo leía las sagradas escrituras mientras los demás disfrutaban de la comida. Supongo que serian los caballeros y frailes de la Orden de Calatrava los que premiaban a los peregrinos, no solo con descanso y comida, sino también con la palabra de dios.
Entramos en la pequeña iglesia. Pese a que se cree que es de origen gótico, nada en su aspecto interior nos hace recordar los grandes alardes constructivos de aquellos maestros canteros. Su decoración actual es en su mayoría barroca, predominando el arco de medio punto en toda su estructura abovedada. Me llama la atención su altar, un altar construido en madera y en forma de isla coronado con un gran capuchón, en cuyo centro debería encontrarse una reliquia adorada y admirada por los vecinos de Fornoles. Hoy por seguridad, una foto de esa reliquia preside el lugar.

Junto al altar se encuentra una pequeña capilla de decoración barroca. Es la mejor conservada del templo. Combina tallas en yeso de escenas bíblicas con el azulete característico de la zona. La enorme puerta esta enfrente, al otro lado del altar mayor, por lo que se me ocurre una teoría del porque de su construcción. Quizá, en las celebraciones donde habría gran afluencia de gente esa puerta permanecía abierta para que las personas que debían quedarse en el patio pudiesen seguir la eucaristía sin ningún problema.
Observo un pequeño agujero en la pared posterior al altar y es ahí cuando Sergio, anfitrión, amigo y vecino de Fornoles, me relata un acontecimiento del pasado del que su tío fue testigo directo. Durante la guerra, los vecinos de Fornoles juraron defender el santuario de Monserrate de todo aquel que quisiera profanarlo, fuese de un bando o de otro. Todo transcurría sin incidentes hasta que un día, el Jefe del Estado Mayor de la Republica, Don Vicente Rojo, en una de sus muchas visitas a la zona pidió acceder a la iglesia sin ningún tipo de compañía. Aquellos intrépidos vecinos de Fornoles, temiéndose lo peor decidieron vigilar, fusil en mano, por un pequeño agujero que había tras el altar al distinguido visitante, dispuestos incluso a abrir fuego si cometía alguna tropelía dentro del templo. Vicente Rojo, ante el asombro de aquellos que lo observaban, rezo durante 45 minutos y después abandono el lugar. Lo que no sabía aquel comando de defensa del santuario es que Don Vicente, pese a permanecer fiel a la republica, era un ferviente católico.
Subimos al coro y a la torre por unas antiguas escaleras de piedra en forma de caracol sujetas una sobre otra sobre un punto central que va formando la columna. Sin lugar a dudas aquellas escaleras si que eran de la construcción original, aun diría mas, no de la ermita gótica del siglo XIV, sino del pequeño templo que se construyo una vez obrado el milagro de la virgen.
Desde la torre de espadaña se puede distinguir la localidad de Fornoles, los grandes picos de los puertos de Beceite, la inmensidad arbórea del rico bosque mediterráneo que puebla el Matarraña… Sin lugar a dudas un lugar magnifico al que acudir a poner en orden nuestras ideas.


El sol comienza a teñir de naranja las nubes altas que pueblan el cielo mientras se oculta a nuestra espalda, mas haya de la enorme chimenea de la térmica de Andorra. Decidimos ser más ágiles a la hora de echar un vistazo a los edificios anexos y nos ponemos manos a la obra. Sin embargo las prisas no nos impiden disfrutar de una sorpresa mas, en la ampliación realizada en el año 1621 se aprovecho una de las paredes laterales del antiguo templo gótico para levantar uno de los edificios anexos, eso permite poder ver  las tallas que lucían en el saliente del tejado a la altura de los ojos. Son bellísimas, la pena es que muchas de ellas están deterioradas por la mano indecente de algún terrorista del patrimonio.
Mientras nos dirigimos ya a la salida me fijo en el escudo que corona el pórtico de grandes dimensiones que da acceso al altar mayor. Distingo la silueta de un monte escarpado con una sierra de arco sobre él bajo una M invertida coronada. Es un escudo idéntico al que podemos contemplar en la abadía de Montserrat. Quizá esa sea la pista definitiva para saber cual es el verdadero nombre del santuario.


De todas formas yo seguiré llamando a aquel lugar Monserrate, pues mas haya de los motivos históricos o eclesiásticos, están los motivos sentimentales. Durante más de 800 años, generación tras generación, los vecinos de Fornoles han venerado, han cuidado, han sufrido y han amado este lugar. Durante mas de 800 años han ligado su vida y su existencia a un santuario y a una reliquia que les ha ayudado en su peregrinar por el día a día, en el transcurrir de una vida donde Monserrate ha sido protagonista obligada.

Por eso, si los fornolenses, dueños y señores de la espiritualidad del lugar, llaman al santuario Monserrate, no seré yo quien les lleve la contraria.

lunes, 25 de noviembre de 2013

ELS PORTS

            Sin duda una de las zonas de mayor diversidad y mayor riqueza medioambiental de nuestra provincia son los puertos de Beceite. Un macizo montañoso que por su ubicación y orografia tiene unas condiciones únicas, una belleza paisajistica enorme y una riqueza floral y faunistica digna de las grandes cordilleras europeas. “Els ports”, y aunque suene contradictorio, son muy conocidos y a la vez completamente desconocidos para los turolenses. La gran mayoría hemos visitado la zona de Beceite, unos cuantos hemos contemplado “les roques del Masmut”, pero muy poquitos son los que se han adentrado en las muchas hectáreas que componen esta impresionante formación rocosa.
        “Els ports” desprenden belleza por sus cuatro puntos cardinales: Desde Beceite a Ulldecona, desde Peñarroya hasta Tortosa... Ejemplo claro es la bellísima formación caliza que podemos ver en la fotografiá, “Les Roques de Benet” (Horta de Sant Joan), uno de los bellísimos conjuntos rocosos de los que podemos disfrutar en este lugar de fantasía.
        Lastima que, a día de hoy, Aragón no haya sido capaz aun de proteger esta maravillosa zona con la declaración de Parque Natural, en este aspecto llevamos gran retraso con respecto a Cataluña y Valencia.


jueves, 14 de noviembre de 2013

TOLOCHA

      El Morrón de la Tolocha, con sus 790 metros de altitud, no es solo uno de los picos mas altos de nuestra zona, es también un nexo de unión entre todos los municipios de la comarca administrativa del Bajo Aragón. Ademas, el estar ubicado junto al cauce del rió Guadalope, una zona de depresión geográfica, lo hace parecer mucho mas alto e inaccesible. 
       Si un vecino bajoaragonés se encarama a un punto alto de su pueblo siempre distinguirá el puntiagudo acabado de esta mole rocosa que lleva millones de años aguardando en silencio junto al cauce del rió Guadalope.
     El Morrón de la Tolocha es el cordón umbilical que une las cuatro zonas diferenciadas de nuestra comarca. Calanda y Alcañiz al norte, Mezquin al este, Los Alcores al Oeste y Portal del Maestrazgo al sur.
        Tolocha es un lugar especial, un lugar místico y misterioso. Un altar natural que acerca al ser humano al contacto con lo divino. Esta mítica montaña siempre ha sido un lugar de referencia para aquellos que vivieron a sus pies en tiempos pasados, lo demuestra esta pequeña reseña extraída de la pagina WEB del Ayuntamiento de Calanda:

El origen del topónimo “Tolocha” viene a significar “monte del miedo” de lo que se intuye que este monte esconde un pasado místico y misterioso. Según el arqueólogo Manuel Sanz y Martínez, en una de sus laderas hubo un antiguo santuario precristiano, en tierras fronterizas entre los antiguos íberos y celtíberos, que según este autor constituiria" un lugar de culto al aire libre en el que se llevarían a cabo sacrificios y prácticas rituales". Cuenta la tradición que al grito del conjuro “Entre medio de rama y hoja, al cabezo del Tolocha” brujas y hechiceros se reunían en las noches de luna nueva en la cima de este monte místico para practicar sus ritos ocultos y provocar temibles tormentas.


El misterio alrededor del Tolocha, tuvo cierta influencia en Luis Buñuel y es por ello que en el CBC, en el espacio dedicado a “Los mundos de Buñuel” entre otros objetos relacionados con las obsesiones del cineasta, se cuenta con piedras graníticas del monte Tolocha. Como anécdota, cabe destacar que en sus visitas a Calanda, Buñuel acostumbraba a subir al monte Tolocha y una vez ahí, realizaba sus propios “ritos” que posteriormente reflejó en su película “La vía láctea” cuando un mendigo, en una noche de tormenta se dirige al cielo gritando “Dios, si existes, demuéstralo”, no ocurre nada durante unos segundos y derrepente un rayo cae tras él sobre un árbol.
Luis Buñuel falleció en Ciudad de México el 29 de julio de 1983, y según información de sus hijos desvelada treinta años después de su muerte, sus cenizas fueron esparcidas en el monte Tolocha en el año 1997. Buñuel, polvo de Calanda (elmundo.es).


ENTRE MEDIO DE RAMA Y HOJA, AL CABEZO DEL TOLOCHA”


      
 

martes, 5 de noviembre de 2013

EL PUENTE DE CANANILLAS

Hoy nuestra excursión será a un lugar de rabiosa actualidad. Un lugar conocido, no por nuestro protagonista de hoy,  sino por las aguas del río que atraviesa sus arcos de medio punto desde hace muchos años. Río al que los vecinos de la comarca se acercan en sus días de asueto a pasar momentos refrescantes en tiempos calurosos. Río que, debido a sus impetuosas crecidas, ha sido capaz de  moldear paisajes bellísimos y formaciones imposibles en su camino hacia las huertas de Aguaviva y el Mas.


Iniciamos nuestro camino hacia Mas de las Matas tomando a nuestra derecha la carretera autonómica A-225 en el cruce que encontramos nada más salir de Alcorisa en dirección a Alcañiz. Cada vez que asciendo la Cuesta del Caballo, me acuerdo de las historias que nuestros ancianos vecinos nos contaban sobre las repoblaciones forestales que se llevaron a cabo en la gran depresión de los años franquistas. Cómo aquellos pinos que hoy lucen esbeltos y orgullosos sirvieron para que muchas familias no sucumbieran a la agónica muerte por la falta de alimento.
Continúo hacia Mas de las Matas y observo a mi izquierda un viejo amigo, “El Cucón”, que sigue impávido ante el paso del tiempo, observando desde la lontananza los valles del Bergantes y el Guadalope. Una vez en la localidad masina, rodeo su casco urbano por la variante construida a tal fin. Pese a la tardanza de este año, por fin podemos ver las huertas cargadas de frutas y hortalizas. El contraste del verde y rojo de las preciosas plantas del tomate, las enormes hojas de la calabaza, los pimientos y berenjenas… además, ahora con más asiduidad, están acompañadas del plástico negro que evita que otras hierbas no invitadas hagan su aparición en el recinto hortícola que con tanto mimo cuidan los maestros de la azada.
Continúo mi camino y puedo distinguir la llegada de dos recién casados al edificio que en su día se construyó como albergue. Actualmente esa construcción es utilizada por los vecinos del Mas para realizar allí celebraciones importantes, encuentros familiares de gran relevancia. Una fantástica manera de darle un uso a uno de tantos edificios que se han ido construyendo en nuestras localidades y que debido a la situación económica actual no pueden utilizarse para su fin original.
Un poco más adelante me desvío a mi izquierda continuando por la A-225 en dirección a Aguaviva. Según leo en la Web del Ayuntamiento de Aguaviva:
Esta zona fue conquistada por Alfonso I hacia el siglo XII. Se da como fecha de nacimiento de la población el año 1320. La historia de Aguaviva está vinculada a la Encomienda de Castellote, primero fue de la Orden del Santo Redentor, luego en 1196 pertenecía dicha encomienda a la orden del Temple, pero al declararse por decreto Papal la extinción de la orden, las tropas de Jaime II tomaron la población, convirtiéndose a partir de entonces en una encomienda sanjuanista.”
Es en Aguaviva donde los carteles de “El Bergantes no se toca” se hacen más presentes. El reciente anuncio de la Confederación Hidrográfica del Ebro sobre la construcción de una gigantesca presa de laminación en el cauce del río Bergantes se ha encontrado con la oposición casi total de los vecinos de la localidad. Mi opinión es que es retrogrado buscar soluciones de principios del siglo XX a problemas que hemos ocasionado los seres humanos. Es injusto que los errores en la construcción del embalse de Calanda y la falta de rigor a la hora de prohibir la edificación de nuevas construcciones en zonas propensas a la inundación tengan que pagarlo tanto los vecinos de Aguaviva, como los bellos paisajes que el río Bergantes ha cincelado con la paciencia de un extraordinario maestro cantero durante miles y miles de años. Me niego a creer que en pleno siglo XXI no haya soluciones de ingeniería mucho más respetuosas con el medio que el mega embalse propuesto por la CHE.
Atravieso la localidad de Aguaviva y continúo en dirección a la provincia de Castellón. Ya se ven las grandes montañas que escoltan al Bergantes en su camino hacia las mansas aguas del Guadalope. Los empinados barrancos, las grandes cortadas y las innumerables cuevas que pueblan esas montañas sirvieron de hogar y refugio a aquellos idealistas guerrilleros que decidieron seguir luchando por aquello en lo que creían una vez terminada la guerra civil. Lástima que aquella lucha clandestina acabaran sufriéndola los de siempre, los ciudadanos de a pie que veían como tanto los de un lado como los de otro saqueaban las despensas que llenaban con sangre, sudor y lagrimas para poder alimentar a su familia.
Entre el punto kilométrico 22 y 23, encuentro un camino a mi izquierda que desciende en dirección al lecho del río. Accedo por allí y un poco más adelante, en un nuevo cruce de caminos tomo el de mi izquierda, el que discurre por la ladera de la pequeña colina que hay frente a nosotros. Comienzo a distinguir los enormes cantos rodados que las embravecidas aguas de “El Valenciano”, nombre por el que llaman al Bergantes aguas abajo, han ido depositando en ambas márgenes del cauce.
         Ya se pueden distinguir conglomerados rocosos de todos los tamaños y formas posibles, preciosos acantilados labrados en la masa rocosa por la que discurren las cristalinas aguas de uno de los ríos más bravos de Aragón. El río Bergantes tiene una longitud aproximada de 60 kilómetros, y es a partir del Forcall, donde se le unen los ríos Calders y Cantavieja, donde recibe la mayor aportación de caudal. Incluso algunos historiadores defienden la teoría de que el Bergantes se forma precisamente por la confluencia de estos tres ríos: el Morella, al que actualmente se denomina Bergantes, el Caldérs y el Cantavieja, y nace por la unión de las aguas de todos ellos a los pies de la ermita de la Consolación, Patrona de Forcall.
Conforme llego al final del camino, puedo distinguir el porte orgulloso de una bella construcción de mampostería. Aparco junto a una joven carrasca bajo la que hay una mesa de madera preparada para aquellos que notan la llamada del estómago en todas sus excursiones. Bajo del coche y me fijo aguas arriba en cómo el Bergantes desaparece tras trazar la curva de un meandro casi perfecto.
Comienzo a andar en dirección al puente. Es fascinante el meticuloso trabajo que los restauradores han hecho en esta antigua construcción, recuerdo que solo dos arcos sobrevivieron a la avenida que tuvo lugar en el año 2000, dos arcos que hoy son testigos mudos del maravilloso aspecto con el que luce ante sus visitantes.
El actual puente de Cananillas tiene su origen en 1622, aunque existen indicios de que se construyo sobre otro anterior. Algunos incluso defienden la teoría de que aquí ha existido un puente desde época romana. Cananillas ha sufrido una y otra vez las envestidas de las grandes avenidas del Bergantes, un río que, como el doctor Jekyll y mister Hyde, pasa de ser un remanso de agua tranquila y cristalina a convertirse en un embravecido torrente hídrico que arrasa con todo aquello que encuentra en su camino en apenas unas horas.
Quizá si las ultimas piedras de sillar originales que quedan en el arco central pudiesen hablar, hubiesen avisado al ingeniero encargado de la construcción del Embalse de Calanda de que construir aguas abajo de este río bravucón una presa de escollera era una autentica temeridad. Para que nos hagamos una idea, desde que es posible la realización de aforos, el Bergantes ha llegado a acumular un caudal de 1200 metros cúbicos por segundo, más o menos el caudal que el río Ebro lleva en sus crecidas ordinarias.
El puente actual tiene unos 20 metros de longitud, unos 8 metros de anchura y alrededor de 10 metros de altura sobre las aguas. Se sustenta sobre cuatro arcos de medio punto, el más grande de ellos sobre el cauce natural del Río. Está construido en mampostería y piedra sillar y es atravesado por el sendero de gran recorrido número 8, más conocido como GR. 8, que une los términos de La Ginebrosa, en la margen derecha y de Aguaviva en la margen izquierda.
El lugar es sin duda especial. A la belleza del puente se unen las curiosas formaciones que la erosión ha ido dibujando en toda la extensión del pequeño valle. Quizá fue por este lugar por donde Don Blasco de Alagón y sus tropas atravesaron las aguas del Bergantes en su camino hacia la conquista de Morella. Quizá en alguna ocasión Jaime I El Conquistador se arrodilló ante estas mansas aguas para saciar su sed en su camino a las tierras recientemente conquistadas del Reino de Valencia.
Me encaramo a lo alto del puente y observo. Aguas abajo, el Río tiene que hacer un extraño de 90 grados para esquivar la pared de roca que se yergue frente a él. Aún así el Río ha sido capaz de herirla, provocando con sus embestidas que enormes trozos de conglomerado se vayan desprendiendo poco a poco de la estructura rocosa original. Parece que aquellos enormes trozos de roca estén colocados en efecto domino, al empujar la primera da la sensación que caerían todas las demás. Aguas arriba el efecto es parecido, el agua en su camino está acompañada de grandes rocas de conglomerado colocadas en posiciones imposibles, arrancadas de su posición original por la fuerza del agua.
Es un lugar sensacional para aquellos que prefieren bañarse en el río en lugar de en la piscina. En verano, el puente de Cananillas está siempre acompañado de curiosos visitantes que disfrutan de las aguas cristalinas que pasan bajo sus arcos. Escucha las risas sanas de los niños, los chapoteos incansables de los más jóvenes, las confesiones de jóvenes enamorados que se tuestan al sol, los cuchicheos de las señoras hablando de la última que les han hecho sus maridos… En verano, aquel testigo mudo del devenir de los años nunca se aburre.

Echo un último vistazo. Quizá la próxima vez que lo visite, este bello puente este sepultado bajo las aguas del inmenso embalse que inexplicablemente se pretende construir, o quizá el Bergantes haya decidido poner de nuevo a prueba su resistencia con una de sus puntuales embestidas. Sea como sea, Cananillas estará siempre en mi recuerdo, en el recuerdo de un joven explorador que ha podido disfrutar de un lugar excepcional, de un lugar que deberíamos preservar para que dentro de 100 años otro joven explorador pueda imaginar a las tropas de Don Blasco de Alagón cruzando por aquel bello puente en su camino hacia la conquista de Morella.