En Abenfigo, pedanía
castellotana de pasado musulmán, nace el extraordinario sistema de riego que
alimenta las extensas huertas de Mas de las Matas y Aguaviva, los dominios del
antiguo despoblado de Kamarón, sito en la colina de Santa Flora.
Las
infraestructuras actuales de esta red de acequias es de reciente construcción,
de finales del siglo XX, sin embargo, existen construcciones en el recorrido,
que soportan las actuales, que dan buena muestra de que el pasado de este complejo
sistema de riego es muy anterior al siglo XX. Según he leído en la web del Ayuntamiento masino, la acequia mayor de la villa, que toma sus aguas de la
Azud de Abenfigo, se construyó en el siglo XVIII. Desconozco si esa acequia
mayor fue una construcción completamente nueva, o como la acequia vieja de Alcañiz
(canal de la Estanca), se aprovecharon ya los trazados realizados por los
romanos para asentar las nuevas infraestructuras.
Abenfigo se
asienta en la ladera sur de una de las estribaciones de la Sierra de los
Caballos, sobre los cauces del Guadalope
y el barranco que lleva su mismo nombre. Es una pequeña población de calles
coquetas y muy cuidadas. Precisamente el origen de su nombre, aunque se
coincide en su pasado musulmán, tiene dos teorías: Según la propia web de
Castellote, Abenfigo se traduciría como “Hijo de Figo”, siendo Figo un nombre
propio. Sin Embargo, en la Enciclopedia Aragonesa del Periódico de Aragón
traducen el nombre como “Barranco de higos”, debido a las numerosas higueras
que según parece hubo en el cauce del barranco que esta a los pies de la población
y que tiene su origen en el término municipal de Seno.
La Azud se
encuentra entre dos imponentes cortadas, justo en el lugar en el que las
estrecheces dan un respiro al rio Guadalope, abriéndose al pequeño valle que se
extiende bajo la población de Abenfigo. Hasta la Azud, el rio Guadalope baja
encañonado, descosiendo dos bellísimos macizos montañosos de paisajes espectaculares,
y más en esta época del año con los ocres del otoño. De hecho, nos fue
imposible acceder al cauce del rio aguas
arriba de la Azud de Abenfigo. Tuvimos que trepar hasta lo alto de una de las
montañas que lo rodean y volver a bajar hasta él, y cuando alcanzamos la orilla, la espesa vegetación
existente nos impidió continuar por el
cauce, por lo que tuvimos que trepar de nuevo a la montaña.
Quizá resulte más
sencillo acceder a él desde las antiguas minas de Castellote, o incluso desde
la ermita de San Pedro de Jaganta, no tardaremos
mucho en comprobarlo.
Lo que nos
llamo la atención fue que, junto al cauce del rio, en un lugar de acceso cuando
menos complicado, se distinguían las ruinas de una masada de considerables
proporciones, con varios bancales aterrazados a su alrededor. Un extraordinario
rincón para evadirse de todo, un idílico emplazamiento para buscar paz y
tranquilidad.
Desde lo alto
del Cabezo, la impresionante mole montañosa delimitada por el Guadalope y el
Barranco de Abenfigo, las vistas son espectaculares. Distinguimos las huertas
de Mas de las Matas, con su distinguida torre como faro. Todo el cañón del Guadalope,
que desciende desde el embalse de Santoléa dejando a su paso bellísimas formaciones
y grandes peñascos, como el imponente Cabezo de Algezar. La Atalaya de Castellote
y los muros de su castillo. El barranco de los Cocios, y Vallipón. ESPECTACULAR
Cuantos
rincones casi desconocidos nos reserva nuestra propia tierra.
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