Cornelio
Escipión, al mando de un gran ejercito, llego a Hispania poco después de que
Aníbal el cartaginés cruzara los pirineos con sus temidos elefantes. No
tardaron mucho los hermanos Escipión en someter a los pueblos indígenas,
estableciendo la capitalidad romana en Tarraco. Se cree que Aragón, pudo caer
en manos romanas entre los años 218
a 212 A .c.
, pues en este último año los Escipión atacarían Cartago Nova.
En
ese momento se inicia el proceso de romanización de las tribus prerromanas de
nuestras tierras. Un proceso lento, no exento de resistencia bélica, que
después de años de sometimiento, violencia y represión acabaría con la adopción
por parte de las tribus indígenas de muchas de las tradiciones y costumbres
romanas.
Roma,
sociedad muy avanzada, desarrollo un ambicioso plan de explotación agrícola,
ganadera e industrial en nuestras comarcas, que supondría la expoliación de
muchos de los recursos existentes en la zona. Aumento el regadío, con la
construcción de grandes obras hidráulicas, incremento la producción de vino y
aceite en nuestras tierras, con la creación de enormes villas romanas que eran
ambiciosos complejos de transformación de la uva y la oliva (El Palau, Loma del
Regadío), sobreexploto la producción cerámica, convirtiendo lugares como el Mas
de Moreno de Foz Calanda, en verdaderos centros de producción industrial, cuya
cerámica se exportaba allende las fronteras hispánicas.
El
momento cumbre de la colonización romana de Hispania, y por ende de Aragón, es
cuando el emperador Vespasiano, entre los años 69 a 79 de nuestra era,
concede el derecho de ciudadanía latina (romana) a todos los hispanos libres de
origen indígena. Es en ese momento, entre los siglos I y IV de nuestra era,
cuando Hispania se considera plenamente romana, y las grandes obras hidráulicas
comienzan a ser una constante en nuestros territorios. Grandes acueductos como
el de Albarracín a Cella. La acequia vieja de Alcañiz, o la acequia entre
Almonacid y Belchite son ejemplos de esa sucesión de grandes infraestructuras.
Del
siglo I es también nuestra protagonista de hoy. Una inmensa pared de
mampuestos, sillar y sillarejo levantada en época del emperador Tiberio (42 A .c. a 37 D.c.), cuyas
dimensiones la convierten en la presa romana más alta de su época, de todas las
que se conocen. Tiene 120
metros de longitud, 34 metros de altura y 27
de anchura.
Esta
maravillosa obra de ingeniería hidráulica romana se encuentra en Almonacid de
la Cuba, comarca del Campo de Belchite. Y aun hoy desempeña a la perfección el
papel para el que fue construida allá por los primeros años del primer milenio.
Nos
ponemos en marcha poco después de las nueve de la mañana, una mañana plomiza,
triste… daba la sensación que en cualquier momento el cielo iba a romper a
llorar. Iniciamos nuestro camino en dirección a Andorra. Una vez en la villa
minera, tomamos la circunvalación que rodea al municipio y ponemos rumbo a
Albalate. Dejamos a la izquierda la necrópolis íbera del Cabo, donde según
estudios recientes solo hay mujeres jóvenes enterradas allí, algo realmente
curioso.
Conforme
avanzamos, los ocupantes del coche, nos vamos alertando mutuamente de los
lugares en los que nos ha sorprendido el temido radar móvil de la guardia
civil, la recta del Ventorrillo y la variante de Albalate son dos de los
lugares más peligrosos. Al llegar a la villa arzobispal de Albalate nos
encaminamos hacia Lécera por las ágiles variantes que rodean la localidad por
la margen izquierda del río Martín, variantes en las que, sorprendentemente, la
velocidad está limitada a 70. Dejamos a
un lado uno de los complejos industriales que más empleo dan hoy en toda la
zona del Bajo Aragón. Fue enorme la contestación social que se produjo antes de
su construcción por las posibles afecciones medioambientales que tendría, pero
hoy da sustento a decenas de familias.
Una
vez en Lécera, nos incorporamos a la A-222 en dirección a Belchite. Si el
objetivo hubiese sido visitar tan solo la presa, unos kilómetros después, en un
cruce sito a nuestra izquierda en el que se lee “Letux”, deberíamos habernos
desviado, pero queríamos visitar tanto la acequia vieja, de construcción
romana, como el bello paraje de “El pozo de los chorros”, aguas abajo de
Almonacid, en el mismo curso del río Aguasvivas. Para ello debíamos ir hasta
Belchite, y desde la carretera que se dirige a Fuendetodos, coger un camino a
nuestra izquierda que nos llevaba hasta el paraje natural antes mencionado. Los
primeros metros discurren por la antigua vía de tren que unía Zaragoza y
Utrillas.
Cuando
llegamos al lugar no nos decepciona. Parece mentira que entre tanta tierra
árida, escondido en un angosto barranco labrado por las aguas del Aguasvivas,
en un bello desfiladero de caliza, encontremos un bello conjunto de pozas
encadenadas de gran belleza, por las que va discurriendo el liquido elemento,
saltando de una a otra, convirtiendo el lugar en un oasis en medio de tanto
terreno baldío. Sin lugar a dudas un rincón muy recomendable.
Es
precisamente por la margen izquierda de ese angosto barranco, por donde circula
la acequia vieja de Belchite, acequia proveniente de la presa romana de Almonacid.
En su recorrido todavía son visibles algún antiguo acueducto, viejos puentes
que la atraviesan, rocas horadadas para facilitar el paso del agua... Infinidad
de detalles que certifican la importancia de este viejo canal hídrico
construido originalmente por la antigua Roma. De hecho, se cree que no solo
alimentaba las huertas de la zona, también el asentamiento romano, situado en
el cabezo de nuestra señora del Pueyo, el cual algunos han identificado con la
ciudad de Beligio, donde se ha constatado la existencia de unas termas.
Tras disfrutar
de ese bello paisaje llamado “El pozo de los chorros”, ponemos rumbo al
fascinante lugar en el que Roma levanto la presa que retenía el líquido
elemento que llenaba de vida el valle de Belchite, nos dirigimos por fin a
Almonacid de la Cuba. Para ello desandamos nuestro camino, y seguimos las
indicaciones pertinentes una vez accedemos a la carretera de Letux.
Nuestra
llegada a las inmediaciones de Almonacid es entre caótica y sorprendente. La
joven exploradora, harta ya de ver solamente la tapicería del asiento de atrás,
inicia un breve conato de protesta, lo que nos obliga a aparcar frente a un
peirón situado sobre lo que en un principio pensamos que era un puente.
Mientras nuestra bella “miniexploradora” recibe las atenciones precisas, uno de
nuestros acompañantes de asoma a la barandilla que cercaba lo que nosotros
consideramos un viaducto exclamando: ¡¡¡Que pasada!!!.
En efecto, sin
saberlo habíamos aparcado sobre la presa. Sobre esa antigua construcción
“bimilenaria” que aun hoy alimenta de H2O las fértiles tierras que circundan
las tres villas de Belchite, la nueva, la vieja y la romana. Asombrados por la
altura de la construcción, nos dirigimos a una pasarela de madera, situada a la
derecha del cauce, construida como mirador de esta impresionante obra de
regulación. Un ejemplo más de la extraordinaria sabiduría de aquellos maestros constructores de la antigüedad,
capaces de, con medios técnicos mucho más limitados, levantar edificaciones de
esta envergadura que aun hoy siguen en pie.
La presa es
fascinante. Asentada sobre un lecho pedregoso, donde el Aguasvivas a cincelado
la roca madre en forma de V, esculpiendo el lugar de forma brillante, tanto que
los arquitectos del siglo I, vieron en esta garganta de caliza el lugar ideal
donde edificar la inmensa azud.
Su superficie,
aunque en un magnifico estado para su edad, esta herida en varias de sus
estructuras. El contrafuerte de sillar, con forma de escalera a los pies de la
presa, se ha resquebrajado en uno de los lados. Dejando al descubierto el muro
principal que, según relata Miguel Beltrán Lloris en su libro “La presa de
Almonacid de la Cuba”, “se
construye con opus caementicium –fuerte mortero u hormigón- y con opus
incertum -piedras de tamaño pequeño e irregulares compactadas con mortero-
recubierto de sillares de piedra en forma de paramentos con dos formas, opus
vittatum –sillar pequeño o mampuesto escuadrado colocado en hiladas- u opus
quadratum –piedras cortadas en forma de cubos o prismas cuadrangulares, en
ocasiones almohadillados, es decir, con las aristas rebajadas, dando un bello
efecto estético-.”
En el lado
izquierdo del cauce encontramos el aliviadero, construido con fuertes sillares,
y sobre el que discurre un puente que une la superficie de la presa, unos tres
metros por encima, con la entrada a la localidad de Almonacid. Es allí donde
todavía podemos disfrutar el salto de agua que desemboca sobre la antigua
acequia. Acequia que distribuye el líquido elemento aguas abajo de la villa,
cuyo nombre es de etimología árabe, pues es seguro que esta obra romana tuvo
una gran relevancia también en época de ocupación islámica. Siendo una de las
piezas claves en el aprovechamiento agrícola en la marca superior de
Al-Ándalus.
Posteriormente
nos encaminamos al otro lado de la faraónica obra romana, justo debajo de lo
que parece un antiguo molino por las canalizaciones que salen de sus cimientos.
Desde allí se distingue bien el desagüe de fondo, la belleza estética de las
formas regulares de los mampuestos y el bellísimo salto de agua que desemboca
en la acequia. La mires por donde la mires, la presa de Almonacid de la Cuba es
extraordinaria, imponente, sobrecogedora.
Echamos un
último vistazo. Pensar que este impresionante muro artificial se estaba
construyendo mientras Jesús de Nazaret revolucionaba Judea, en los principios
del primer milenio, todavía me hiela mas la sangre. 2000 años, 2000 años
ejerciendo el mismo servicio para el que fue construida. 2000 años sin apenas
modificaciones. 2000 años procurando alimento, riego, vida. 2000 años
conviviendo con una sociedad bipolar, capaz de grandes logros tecnológicos y de
verdaderas barbaries.
Si las
piedras tuviesen un disco duro en el que almacenar sus vivencias…
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