" Cada salida, es la entrada a otro lugar"

Este blog pretende transmitir la belleza y peculiaridad de lo cercano, los lugares que nos transportan en el tiempo y en el espacio. Rincones de nuestra geografía más próxima que nos dejan sin aliento o nos transmiten una paz necesaria en momentos de dificultad. Espero contribuir a que conozcamos un poquito más dichos lugares y a despertar la curiosidad del lector para que en su próxima salida, inicie la entrada a otro lugar... un lugar al que viajar sin necesidad de sacar billete.

viernes, 19 de junio de 2015

MORELLA

MORELLA, mucho mas que una ciudad amurallada.


Esta pudo ser, mas o menos, la primera imagen que Don Blasco de Alagón y sus tropas observaron al llegar frente a Morella, cuando se embarcaron en la misión de conquistarla allá por el siglo XIII. Sin duda una ciudad imponente, inexpugnable, una plaza digna de un gran Señor. Probablemente la misma imagen que llevo a Jaime I a reclamar para si esta conquista, a decir al de Alagón que tan imponente ciudad no podía pertenecer a otro que no fuese el mismísimo Rey de la Corona.

Ha pasado mucho tiempo de aquello, pero como podemos ver en la segunda fotografiá, pese a las malditas guerras civiles, Morella sigue manteniendo aquel porte real, esa silueta inexpugnable digna de las grandes plazas medievales. Situarse hoy frente a Morella, es revivir lo que aquellos conquistadores sintieron ante una obra arquitectónica inigualable.


Iberos, romanos, visigodos, musulmanes, cristianos... todos ellos entendieron la importancia de un lugar excepcional, un lugar marcado en rojo y mayúsculas para cualquier explorador que todavía no haya visitado esta mágica ciudad.

http://www.morella.net/morella/conocenos/historia_de_morella

miércoles, 17 de junio de 2015

LA CASA MALDITA DE ALCAÑIZ



“El niño observaba la lámina de agua que, unos metros mas abajo, reflejaba los rayos del sol en ese mediodía del domingo de resurrección.



En su mano derecha, la oblea humedecida  que Mosén Bartholome Lanaja le había dado en la misa de esa mañana. En su mano izquierda el crucifijo de plata que su tío, el cardenal Domingo Ram, le había entregado antes de partir a Roma.


Dió dos pasos hacia atrás hasta alejarse un poco del viejo pozo del jardín de su palacio. Sabía que aquello que estaba a punto de hacer era un sacrilegio, sabía que aquel simple gesto supondría el castigo divino para su familia. 


Mosén Bartholome les había dicho en infinidad de ocasiones que jugar con el cuerpo de Cristo era el mayor de los pecados, mientras él y su amigo Hernán discutían por ver quién de los dos trasladaba el copón con las hostias consagradas al altar.


“No podía hacerlo”, pensó. Al darse la vuelta vio el bello rostro de su cuidadora. Zaida lo miraba desde una ventana con el rostro enjuto, triste, rasgado por el recuerdo. Recordó entonces las terribles historias que le conto sobre las torturas y vejaciones que ella y su familia habían sufrido por parte de la Inquisición por el mero hecho de amar de otra forma a Dios, por rezarle de otra forma, por quererle de otro modo.


El  marido de Zaida murió en el potro de tortura, su hija le fue arrebatada por una noble familia zaragozana, y su madre quemada viva acusada de brujería. Ella tuvo la cuestionable suerte de convertirse en la concubina de su tío, el Cardenal, que la mantuvo con vida y le encargo el cuidado de su sobrino cuando los lascivos pensamientos del jerarca eclesiástico eran saciados.


El niño volvió a mirar a su amada Zaida. “Yo te vengare” dijo en voz baja, y con un gesto ágil y decidido tiro a aquel pozo el crucifijo y la hostia consagrada.


Desde aquel día, la maldición cayó sobre aquel noble palacete. El palacio de los RAM sucumbió al desanimo de sus moradores y  al paso del tiempo, y pese a que en muchas ocasiones se intento recuperar el esplendor de esta bella construcción, por unas circunstancias o por otras nunca ha sido posible. “


Quizá la historia no fue tal que así, pero algo parecido ronronean todavía los mayores de Alcañiz sobre aquella casa maldita en la que un niño lanzo al pozo su ostia consagrada. Sea como fuere, aquel viejo palacio, sigue esperando que alguien acabe con aquella maldición.