" Cada salida, es la entrada a otro lugar"

Este blog pretende transmitir la belleza y peculiaridad de lo cercano, los lugares que nos transportan en el tiempo y en el espacio. Rincones de nuestra geografía más próxima que nos dejan sin aliento o nos transmiten una paz necesaria en momentos de dificultad. Espero contribuir a que conozcamos un poquito más dichos lugares y a despertar la curiosidad del lector para que en su próxima salida, inicie la entrada a otro lugar... un lugar al que viajar sin necesidad de sacar billete.

martes, 5 de abril de 2016

CALLE RECTORIA Nº 3, FORNOLES



PRONOSTICO

“Es error el pensar que no pueda un hombre perecer por el afecto melancólico-maniático, porque dado que este mal, siendo solitario, esto es, de por sí solo, no sea mortal; pero lo es muchas veces por los adherentes que inevitablemente se le allegan. Si el rey no tuviera otra cosa que vencer que este afecto melancólico,  fuera larga la carrera de su mal, pero la pasaría con firmes esperanzas de salir bien de ella; mas como en su Majestad no es solitaria la melancolía, sino acompañada de varios adherentes que se le juntan, de ahí nace el que sea enfermedad peligrosa. La circunstancia de despertar después de un largo sueño con turbación y mayor agitación de la mente, arguñe en el humor atrabiliario una acrimonia maligna y no sujeta a acoccion, por donde es señal de ser la melancolía peligrosa”

 
Este texto es un extracto del diagnostico incluido en los discursos que Don Andrés Piquer Arrufat, médico de cámara de su Majestad el Rey Felipe VI, escribió sobre el estado de salud del Monarca, sobre la enfermedad que padecía.

Fernando VI, pese a ser apodado “el Prudente” o el justo, en el final de su vida enloqueció, su salud mental fue un quebradero de cabeza para los médicos de la corte, pues no había día que el Borbón no fuese el protagonista:

“Durante ese tiempo se mostró agresivo —«tiene unos impulsos muy grandes de morder a todo el mundo», escribió el infante Luis a su madre Isabel de Farnesio— y para calmarlo le suministraban opio; intentó suicidarse en varias ocasiones y pidió veneno a los médicos o armas de fuego a los miembros de la guardia real; jugaba a fingir que estaba muerto o, envuelto en una sábana, a que era un fantasma. Cada día estaba más delgado y pálido, lo que se unía a la dejadez en su aseo personal. No dormía en la cama sino sobre dos sillas y un taburete” WIKIPEDIA.
 
Todos esos devaneos psicológicos, esas continuas salidas de tono, esos arrebatos suicidas… los vivió en primera persona su médico de cámara, Don Andrés Piquer Arrufat.

Andrés Piquer, tras cursar sus estudios en Valencia,  tras formarse, ganándose una gran reputación, en el Hospital General de la capital del Turia, fue reclutado en 1751 por el Marques de la Ensenada como medico de cámara supernumerario de Fernando VI. El Monarca falleció en 1759. Ocho años de duro trabajo, ocho años tratando la enfermedad mental del Rey y los problemas respiratorios de la Reina Doña Barbará de Braganza, que fallecería en 1758.

Precisamente fue ese último año el más duro para el monarca. La muerte de su esposa acrecentó su rápido deterioro mental, lo que supuso un verdadero reto para Don Andrés Piquer. Un reto y una oportunidad para estudiar las consecuencias de las enfermedades mentales en el ser humano, independientemente de su condición o posición.

Aquel reputado doctor, que llego a ser Vicepresidente de la Real Academia Medico-Matritense era nacido en Teruel, fornolense para más señas. Fue allí, en la localidad matarrañense, donde Don Andrés vio por primera vez la luz del sol. En una casa, ya desaparecida, sita en la calle Rectoría numero 3.

Pese a que la casa sucumbió al paso del tiempo, los vecinos de Fórnoles todavía recuerdan hoy el lugar donde estaba ubicada. El sitio exacto donde vino al mundo el que sería su vecino más ilustre, su vecino más reconocido por la medicina internacional de la época. 


DON ANDRES PIQUER ARRUFAT, UN TUROLENSE ILUSTRE.

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