" Cada salida, es la entrada a otro lugar"

Este blog pretende transmitir la belleza y peculiaridad de lo cercano, los lugares que nos transportan en el tiempo y en el espacio. Rincones de nuestra geografía más próxima que nos dejan sin aliento o nos transmiten una paz necesaria en momentos de dificultad. Espero contribuir a que conozcamos un poquito más dichos lugares y a despertar la curiosidad del lector para que en su próxima salida, inicie la entrada a otro lugar... un lugar al que viajar sin necesidad de sacar billete.

lunes, 5 de diciembre de 2016

EL PUENTE DE LA TORICA (La Puebla de Hijar)

En la vecina localidad de La Puebla de Hijar encontramos este precioso acueducto de doble altura sobre la antigua vía de tren de la Val de Zafan, hoy via verde.

 
Construido en sillar, con un primer arco de medio punto que soporta la primera conducción de agua, y otros cinco arcos, también de medio punto, que soportan la segunda conducción. Recuerda mucho a los grandes acueductos romanos.

Pese a que puede parecer muy antiguo, su construcción fue a finales del siglo XIX, cuando la arquitectura imitaba los diseños constructivos de épocas pasadas. Incluso existe una foto, extraída de la Web aragondocumenta.com, en la que vemos el puente en pleno proceso de elaboración.

 
La línea ferroviaria de Val de Zafan, cuya importancia estrategica en la batalla del Ebro fue enorme, estuvo en servicio hasta 1971, el hundimiento de un túnel en la zona de “Els Ports” fue la excusa para clausurarla. Muchos de nuestros mayores todavía fueron pasajeros de aquel tren que unía Zaragoza y Tortosa pasando por Alcañiz, sin lugar a dudas la salida más rápida al mar desde la capital del Ebro. De hecho, por la línea de este ferrocarril, se transportaba el carbón procedente de la mina de La Paloma, en Alcorisa, cuyo destino era el complejo cementero de Vallcarca, donde se utilizaba en el proceso de fabricación del cemento.


¿Recuperaremos algun día ese ferrocarril? Quiza el futuro de Motorland tenga la respuesta.

domingo, 4 de diciembre de 2016

MIRAMBEL Y DON PIO

Muy poquito han cambiado las cosas desde que el Ilustre Don Pío se paseó por las calles de esta magnífica villa del Maestrazgo:
 


 "En los confines meridionales del Bajo Aragón, en una cañada, al pie de la montaña de San Cristóbal y cerca del pequeño río o rambla de Cantavieja se encuentra el pueblo llamado Mirambel.

Es una aldea, oscura, amurallada, con aire antiguo, casi de la Edad Media. Su muralla amarillenta negruzca, se conserva intacta, sin ninguna brecha y para entrar en el pueblo, es necesario pasar por alguna de sus puertas. Esta muralla gótica tuvo en otro tiempo su camino de ronda, sus matacanes y aspilleras, que después se tapiaron.


El terreno próximo a la aldea es árido y montañoso; en las inmediaciones se levantan los cabezos de la Sierra Palomita, el alto de Tavaruela, la Sierra Blanca hacia Olocau del Rey, y la Sierra Menadella en el límite de las provincias de Castellón y de Teruel. Más cerca, se yergue el tozal de San Martín, el de Aniento y el Cabezo de Moragues.
  
La rambla de Cantavieja, pasa a poca distancia de la villa sobre un lecho de piedra gris. Este arroyo nace en los montes de Tavaruela y de Bobolar, baja por Mirambel y en la Mata se le une otro procedente de la Iglesuela del Cid: la rambla Sellumbres, o río de las Truchas. El riachuelo de este nombre se vierte en el Bergantes, cerca del pueblo llamado el Forcall o el Horcajo. Los tres arroyos unidos en el Forcall: el de Cantavieja, el de Caldés y el Bergantes forman uno solo con este último nombre. El Bergantes nace en el Coll de Morella, entre la Sierra de la Higuera y la Mola de Clapisa y tras de unirse con el Caldés y el Cantavieja, cruza por el llano de la Batallera y desemboca, después de pasar por Aguaviva, en el Guadalope, el cual sale al Ebro, en las cercanías de Caspe.


La comarca entre Mirambel y Morella, es árida, áspera, desolada, erizada de colinas yermas. Hay grandes cerros de piedra caliza, formaciones de moles rojas y amarillentas como ruinas de inmensos palacios y castillos, de ciudadelas de cíclopes o de gigantes, que a veces fingen detalles que parecen por un momento de construcción humana.

En los barrancos próximos a Mirambel la frondosidad es poca; nacen en ellos plantas silvestres, carrascas, pinos, robles, enebrales, romerales y pequeños almendros que en primavera alegran la tierra árida con sus flores blancas.

El clima es extremado, más frío que caliente; el aire puro y el cielo casi siempre limpio.


La gente, en vez de temer el calor del verano lo desea, pensando que con el calor las cosechas pueden ser mejores. La labranza es escasa; el campo montuoso, escarpado y árido produce centeno, cebada, avena y azafrán, todo en poca cantidad; la industria del pueblo consiste en algunos telares primitivos de cordellates, estameñas y lienzos.

Cuando la meseta aragonesa baja al Mediterráneo, comienza la tierra a cambiar y con ella el aspecto de los pueblos; se blanquean las casas, se les ponen franjas azules debajo de los aleros, aparecen las azoteas, deja de reinar el castellano y se empieza a hablar valenciano…

Pío Baroja
La venta de Mirambel, 1931
(de Memorias de un hombre de acción)